jueves, 17 de septiembre de 2009

Sobre héroes y tumbas


Sólo en este país sin memoria se puede elegir el día de la muerte de alguien para celebrar algo. Sólo en esta tierra se decide honrar a una determinada persona el día que se fue para poder pagar todas las culpas que no supieron o pudieron hacer cuanto estaban vivos.
Manuel Belgrano murió un 20 de junio tan pobre que ni siquiera pudo pagar al médico que lo atendió por última vez. José de San Martín falleció el 17 de agosto en la lejana Francia donde vivía con lo que le daba una de sus hijas. Esos días son feriados nacionales que ahora son móviles para alargar los fines de semanas. Cantar el himno, un discurso y llevar una escarapela son suficientes para agradecer todo lo bueno y lo malo que hicieron.
La última locura se llama Día Mundial del Hincha Decano. Se eligió el 15 de setiembre porque es el día en el que Luis Gerardo Cano se transformó en el primer y único simpatizante que murió en una pelea entre hinchas de Atlético y San Martín. ¿Cruel no? Totalmente, pero en este país es una constante que se celebren las tragedias.
Es una constante que a los héroes se los magnifique primero, después se los entierre en vida y, cuando se van para siempre, recién se los valora y todos se apuran en querer saldar una deuda que es imposible de pagar. Total, que importa, ellos ya no están para reclamar.

martes, 15 de septiembre de 2009

Simplemente ellas

Martes 15 de setiembre de 2009. Una vez más, en la esquina de Laprida y Mendoza se reunió La Mesa de los Galanes. El encuentro fue multitudinario. El único ausente fue JJ que, milagrosamente no se quedó dormido, sino que se encuentra en la lejana Trelew participando de un encuentro coral a nivel nacional. El muchacho, por su inclinación al canto lírico, se perdió muchas cosas, entre ellas, cobrar la polla de $ 60 por haber sido el ganador del torneo Nuevo Taxativo del Gran DT.
No fue una mesa más, sino una mesa que definió el futuro del grupo. Se dio un importante paso al decidir crear un blog sobre las reuniones que será subido próximamente para que el mundo entero descubra que en la mesa de un bar se puede discutir y hacer un culto a la amistad. Es una especie de diván en la que todos son psicólogos para tratar de solucionar los problemas que
cada uno de sus intregrantes acarrea y, por sobre todas las cosas, sea el escenario de los dramas, las tragedias y las comedias que protagoniza cada uno de los galanes.
Definido este punto, se inició el debate del tema del día: decidir cuál sería el escenario del encuentro. El Pollo se quejó de Sir Harris porque, a su entender, se trataba de un lugar para "viejos chotos" (sic). El Chancho sugirió que sea itinerante. El Pelao se opuso terminantemente: "la mesa de los galanes se reunió por décadas en el mismo lugar, por qué deberíamos cambiar ahora". Harry, Pachi y Gato lo apoyaron. Luisao, otra vez no dijo nada, simplemente observó y agrandó sus ojos.
Se respetó la postura de la mayoría y los rebeldes way, al escuchar los argumentos, tuvieron que aceptarla sin quejarse. Hay lugar para fumadores (salvo Harry, todos somos viciosos), la atención es buena (el Mocho nos atiende rápido, soporta las dudas de Pachi y siempre tiene cambio), el lugar está en un punto perfecto (el laburo está a dos cuadras y la mayoría se puede fugar tranquilamente) y es la esquina ideal para contemplar la esquina perfecta para contemplar la belleza femenina en todo sentido. Esta no es una mesa machista y, mucho menos de babosos. Solteros, juntado, casado y divorciado reincidente entienden que el mundo nunca será perfecto si es que no hay una mujer bella para mirar.

El día más negro

¿Cómo olvidar lo que ocurrió el 15 de setiembre de 2001? ¿Cómo no recordar la larga lista de errores que se cometieron y que terminaron con la vida de un inocente que decidió alentar al equipo de sus amores? ¿Cómo no mal acordarse de los dirigentes, de la Policía y de los violentos de siempre que le arrebataron el destino a un chico que tenía todo el futuro por delante?
Es imposible callar lo que sucedió esa tarde. Antes de que comenzara el partido ya se había producido un incidente. Fue una pequeña señal del infierno que se iba a vivir. En el campo de juego ganó Atlético, en las calles los violentos que se manejaron con total impunidad porque antes de que terminara el partido se sabía del enfrentamiento. Por eso todos salieron corriendo para cualquier parte sin saber lo que les esperaba.
Eso hizo Luis Gerardo Caro, ese chico que a escondidas asistió a La Ciudadela, sin saber que sería su última travesura. Corrió, como lo hicieron muchos, por Pellegrini. Jamás se imaginó que se encontraría de frente con animales que dispararían sin piedad y, mucho menos, que un proyectil impactaría en su delgado pecho.
"Me duele mucho, quiero a mi mamá. No puedo respirar bien", me dijo cuando lo descubrí tendido en el suelo y acompañado por dos policías que no sabían qué hacer. Una vecina, aterrada por el tiroteo, se animó a llamar a una ambulancia que tardó más de media hora en llegar. Una hora después me enteré que había muerto en el Padilla.
Han pasado ocho años de aquella nefasto día, el más duro en mi profesión. Pocas cosas cambiaron. Los autores del crimen fueron sentenciados por la Justicia y cumplieron con su condena, pero siguen asistiendo a La Ciudadela. En el Monumental un trapo con su nombre recorre las tribunas como un homenaje. Los simpatizantes eligieron esta trágica jornada como el Día Mundial del hincha decano. Pero lo que nadie hace es gritar a los cuatro vientos que la violencia se vaya de una vez por toda del fútbol, ese deporte hermoso que tanto nos gusta sin importar donde se presente. Simplemente, que sea un grito para que esto no vuelva a pasar nunca.

lunes, 14 de septiembre de 2009

De pesca I


Salir de pesca siempre es una aventura y más aún cuando los compañeros de excursión son aquellos compañeros de la vida. Una caña, el paisaje, el sol, los mosquitos, el asado y la bebida son los otros ingredientes de una fórmula perfecta e inimitable.

El día de la travesía siempre es más corto. Por la ansiedad amanece más temprano y generalmente oscurece más rápido de lo normal. Las horas pasan más rápido y el asado se cocina más lento que lo normal. Es una jornada que se vive a mil.

Las emociones llegan con los primeros piques y al descorchar la primera botella de tinto. Los emboles comienzan cuando nadie pesca nada y el hielo empieza a desaparecer. El sol y los mosquitos también hacen de las suyas, pero todos los bajones se superan con esas charlas interminables en la que el amigo desnuda el alma para contar algo o inventar una fábula para hacer divertir al otro.

De eso se trata un día de pesca. El día y el momento perfecto para disfrutar de aquellos hermanos que una nunca tuvo y que a través de una caña lo descubre y le jura que siempre volverán al mismo lugar para disfrutar de un día de pesca.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Carta al Diego


Querido Diego: no tengo tu mail ni tu celular para decirte las cosas que vengo pensando desde hace mucho tiempo. Creo que no es necesario tener huevos para decirtelas. Como por ejemplo por qué traicionaste tu esencia, tu espíritu y tu forma de ser dentro de un campo. Por qué poner a Palermo y a Schiavi para tratar de pescar un gol desde la altura. Por qué usar esta táctica que ni los equipos de ascenso la usan. Por qué mejor no decirle a Messi o a Agüero que tiren un par de caños o de tacos para que vuelva la magia.

Por qué decís que nunca vas a mandar en cana a un jugador y borrás a un futbolista de un partido a otro. Sino, preguntale a Andújar como se siente después de haber perdido la titularidad.

Por qué Diego siempre te enojás cuando te critican. Por qué siempre permitís que haya un séquito de chupamedias defendiéndote y justificándote. Por qué no aprendés de cómo te fue en tu vida con todos esos zánganos.

Por qué matás a tu estilo de lujo. Por qué mantener esos esquemas tan aburridos si vos sos el que le diste alegría al fútbol. Por qué no lo pensás.

La locura de Amín



¿Amín es loco o se hace? La respuesta, por ahora, nadie la sabe. Lo único cierto es que se desató una enorme polémica que demuestra que todos estamos un poco locos. A saber:
Hay que estar loco para sacarle los ojos, lastimar con un bisturí y matar a golpes a la mujer que decís amar en la habitación de un hotel, donde hay muchísima gente y en un lugar extraño como es una provincia a la que no conocés. No tiene un pelo de loco (y mucho menos de tonto) si escondió o arrojó el elemento que utilizó (supuestamente un bisturí) para cometer semejante crimen.
Hay que estar loco para rendirse, a pesar de medir dos metros y pesar más de 100 kilos, ante el primer agente de Patrulla Urbana que, con el cagazo que tenía, apenas si podía sostener el arma con la que lo apuntaba. No es de loco decir, antes de que te pongan las esposas, "por qué me hacen esto si soy inimputable".
Hay que estar loco para pensar que sus defensores no lo iban a hacer pasar por loco para zafar de una condena que lo podría mantener de por vida. Se van volver locos los jueces si entran a analizar cada uno de los diagnósticos de los psicólogos y psiquiatras que trataron su locura. Ninguno coincidió. Cosas de locos.
Es muy loco leer todos los comentarios sobre este loco. Y hay que estar loco si alguien piensa que la muerte es el mejor castigo. Esa locura ya la vivimos los argentinos. Que país de locos.

Cuestión de tablas



La reunión comenzó un poco más tarde lo normal. La sesión de La mesa de los galanes arrancó con las ausencias del Pelao (injustificado), JJ (durmiendo) y el Pollo (lesionado). Los temas que se trataron fueron los mismos de siempre: fútbol, mujeres, fútbol, política y el Gran DT. Pero, en medio de la nada, surgieron tres palabras que destaparon toda una polémica: tabla de inodoro.


Todo se inició cuando Pachi confió que no la utiliza desde el día que se cambió de su primera casa. Relató que el inodoro tenía una tabla de madera que nunca más la volvió a encontrar, por lo que ya no usa. El Gato reconoció que desde que se mudó a su nuevo departamento no tenía una y, como nunca la compró, se acostumbró a vivir sin ella.

El debate se intensificó a la hora de elegir cuál es la mejor. Todos se inclinaron por las antiguas, esas de color negro que tienen un poco de goma que hacen mucho más soportables las largas sesiones de lectura. Descartadas las de plásticos de $ 45 que venden en todos lados.

La charla sobre el tema se intensificó cuando se habló de la higiene. El Chancho recordó que por su paso por el aeropuerto de Munich, a la par del papel del rollo higiénico, encontró un cubretabla descartable de un papel muy fino que le permitió disfrutar de una experiencia única e inimatable.

Harry Potter habló de la fórmula argentina, es decir, cubrir la tabla con el papel descartable. El Gato renegó de esa costumbre, puesto que el "limpio" que la práctica, jamás lo saca y, con el correr de las horas y las salpicadas, el material queda altamente adherido a la pobre tabla. Luisao, como siempre, no dijo nada. Sólo escuchaba lo que lo demás decían.

Acordado el tema que es imposible no salpicar a todos lados cuando se orina, los galanes discutieron que no tienen problemas en levantarla en sus casas, aunque no ocurre lo mismo en los baños del trabajo de un bar. Coincidieron que la punta de los pies es el remedio más efectivo para evitar todo tipo de contactos indeseables. Agotado el tema, Luisao habló para pedir la cuenta y cada uno partió con rumbo distinto pensando cómo afrontarían el resto del días después de haber gastado tanta energía en tan profundo tema.