
Salir de pesca siempre es una aventura y más aún cuando los compañeros de excursión son aquellos compañeros de la vida. Una caña, el paisaje, el sol, los mosquitos, el asado y la bebida son los otros ingredientes de una fórmula perfecta e inimitable.
El día de la travesía siempre es más corto. Por la ansiedad amanece más temprano y generalmente oscurece más rápido de lo normal. Las horas pasan más rápido y el asado se cocina más lento que lo normal. Es una jornada que se vive a mil.
Las emociones llegan con los primeros piques y al descorchar la primera botella de tinto. Los emboles comienzan cuando nadie pesca nada y el hielo empieza a desaparecer. El sol y los mosquitos también hacen de las suyas, pero todos los bajones se superan con esas charlas interminables en la que el amigo desnuda el alma para contar algo o inventar una fábula para hacer divertir al otro.
De eso se trata un día de pesca. El día y el momento perfecto para disfrutar de aquellos hermanos que una nunca tuvo y que a través de una caña lo descubre y le jura que siempre volverán al mismo lugar para disfrutar de un día de pesca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario